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Mar del Plata la Ciudad Balnearia por excelencia, no hay otro destino turistico en la Argentina que brinde desde sus playas una variedad de espectaculos de primer nivel al aire libre.
CIUDAD BALNEARIA MAR DEL PLATA  
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En la actualidad el acquarium ofrece la posibilidad de sumergirse en una pileta y bucear con tiburones, para los amantes de las emociones fuertes. Indudablemente es la aventura mas extrema que ofrece la ciudad para vivir un rato con la adrenalina al maximo. El buceo tambien se puede practicar en la zona de la Escollera Norte donde se dictan cursos breves, para probar una inmersion en el mar.
   
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En la temporada de verano, lo que entusiasma son las salidas de pesca. Indudablemente que hay infinidad de lugares a lo largo y a lo ancho de la Argentina para disfrutar de la pesca en todas sus modalidades.
Pero la Costa Atlantica tiene un atractivo especial, sobre todo la practica de la pesca con artificiales, indudablemente hay guias especializados en este tema que contribuyen a disfrutar del deporte.
Ultimamente se ha introducido el --deep jigging-- una pesca vertical que ha revolucionado la pesca deportiva .
Se realiza embarcado y permite la captura de meros, salmones, anchoas de banco y pez limon en las profundidades del mar que superan los 40 metros.
   
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Hay dos variantes basicas para la pesca vertical
La --pirking-- es la mas lenta y a profundidad, trabaja con el solo movimiento de la embarcacion, los señuelos modelo abyss de la linea williamson son los mas aptos.
El otro es el speed jigging, mas dinamico y a media agua. Se trata de recoger corto y con paradas repentinas, provocando vibraciones, para ello se utiliza los señuelos de la variedad Benthos en las zonas donde hay pique de anchoas y pez limon.
La premisa de los pescadores mas experimentados en cuanto a los equipos ideales para la pesca con arficiales, es que todos los elementos sirven, y solo se deben adecuar al momento, las condiciones, las especies y el gusto particular de cada pescador. Lo tradicional es utilizar reeles frontales y multifilamentos. Pero otros no desdeñan hacerlo con reel frontal y cucharas o reels rotativo con monofilamento .

   
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POEMA GAUCHESCO ARGENTINO , TRADICION NACIONAL - - EL CANTO DE UNA ETICA - - -EL GAUCHO MARTÍN FIERRO - -


JOSÉ HERNÁNDEZ, (ESCRITO EN DOS PARTES ENTRE 1872 Y 1879 ) 1834 A 1886

 

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MAR DEL TUYU

 

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Y el indio es como tortuga
de duro para espichar;
si lo llega a destripar
ni siquiera se le encoge;
luego, sus tripas recoje,
y se agacha a disparar.


Hacían el robo a su gusto
y después se ivan de arriba,
se llevaban las cautivas
y nos contaban que a veces
les descarnaban los pieses,
a las pobrecitas, vivas.


¡Ah, si partía el corazón
ver tantos males, canejo!
Los perseguíamos de lejos
sin poder ni galopiar;
y ¡qué habíamos de alcanzar
en unos bichocos viejos!


Nos volvíamos al cantón
a las dos o tres jornadas,
sembrando las caballadas;
y pa que alguno la venda,
rejuntábamos la hacienda
que habían dejao resagada.


Una vez, entre otras muchas,
tanto salir al botón,
nos pegaron un malón
los indios, y una lanciada,
que la gente acobardada
quedó dende esa ocasión.


Habían estao escondidos
aguaitando atrás de un cerro..
¡Lo viera a su amigo Fierro
aflojar como un blandito!
Salieron como maíz frito
en cuanto sonó un cencerro.


Al punto nos dispusimos,
aunque ellos eran bastantes;
la formamos al istante
nuestra gente, que era poca,
y golpiándose en la boca
hicieron fila adelante.


Se vinieron en tropel
haciendo temblar la tierra.
No soy manco pa la guerra,
pero tuve mi jabón,
pues iva en un redomón
que había boliao en la sierra.


¡Qué vocerío! ¡Qué barullo!
¡Qué apurar esa carrera!
La indiada todita entera
dando alaridos cargó.
Jué pucha!... y ya nos sacó
como yeguada matrera.


¡Qué fletes traiban los bárbaros!
Como una luz de lijeros,
hicieron el entrevero,
y en aquella mescolanza,
éste quiero, éste no quiero,
nos escojían con la lanza.


Al que le dan un chuzaso,
dificultoso es que sane.
En fin, para no echar panes
salimos por esas lomas
lo mesmo que las palomas
al juir de los gavilanes.


¡Es de almirar la destreza
con que la lanza manejan!
De perseguir nunca dejan,
y nos traiban apretaos.
¡Si queríamos, de apuraos,
salimos por las orejas!

Y pa mejor de la fiesta,
en esta aflición tan suma,
vino un indio echando espuma
y con la lanza en la mano
gritando:—«Acabau, cristiano,
metau el lanza hasta el pluma.»


Tendido en el costillar,
cimbrando por sobre el brazo
una lanza como un lazo,
me atropeyó dando gritos.
Si me descuido... el maldito
me levanta de un lanzazo.


Si me atribulo o me encojo,
siguro que no me escapo.
Siempre he sido medio guapo;
pero en aquella ocasión
me hacía buya el corazón
como la garganta al sapo.


Dios le perdone al salvaje
las ganas que me tenía...
Desaté las tres marías
y lo engatusé a cabriolas...
¡Pucha!... Si no traigo bolas
me achura el indio ese día.


Era el hijo de un casique,
sigún yo lo averigüé;
la verdá del caso jué
que me tuvo apuradazo,
hasta que al fin de un bolazo
del caballo lo bajé.


Ay no más me tiré al suelo
y lo pisé en las paletas;
empezó a hacer morisquetas
y á mesquinar la garganta.
Pero yo hice la obra santa
de hacerlo estirar la geta.


Allí quedó de mojón
y en su caballo salté;
de la indiada disparé,
pues si me alcanza, me mata;
y al fin me las escapé
con el hilo en una pata.

   
 
 

IV (Cuarto)

Seguiré esta relación,
aunque pa chorizo es largo.
El que pueda, hágase cargo
cómo andaría de matrero
después de salvar el cuero
de aquel trance tan amargo.


Del sueldo nada les cuento,
porque andaba disparando.
Nosotros de cuando en cuando
solíamos ladrar de pobres;
nunca llegaban los cobres
que se estaban aguardando.


Y andábamos de mugrientos
que el mirarnos daba horror;
le juro que era un dolor
ver esos hombres ¡por Cristo!
En mi perra vida he visto
una miseria mayor.


Yo no tenía ni camisa
ni cosa que se parezca;
mis trapos sólo pa yesca
me podían servir al fin...
No hay plaga como un fortín
para que el hombre padezca.


Ponchos, gergas, el apero,
las prenditas, los botones,
todo, amigo, en los cantones
jué quedando poco a poco,
ya nos tenían medio loco
la pobreza y los ratones.


Sólo una manta peluda
era cuanto me quedaba;
la había agenciao a la taba
y ella me tapaba el bulto.
Yaguané que allí ganaba
no salía... ni con indulto.


Y pa mejor, hasta el moro
se me jué de entre las manos.
No soy lerdo... pero, hermano,
vino el comendante un día
diciendo que lo quería
«pa enseñarle a comer grano».


Augúrese cualquiera
la suerte de este su amigo
a pie y mostrando el umbligo,
estropiao, pobre y desnudo.
Ni por castigo se pudo
hacerse más mal conmigo.


Ansí pasaron los meses,
y vino el año siguiente,
y las cosas igualmente
siguieron del mesmo modo:
adrede parece todo
para aburrir a la gente.


No teníamos más permiso
ni otro alivio la gauchada
que salir de madrugada
cuando no había indio ninguno,
campo ajuera, a hacer boliadas,
desocando los reyunos.


Y cáibamos al cantón
con los fletes aplastaos;
pero a veces, medio aviaos,
con pluma y algunos cueros,
que ay no más con el pulpero
los teníamos negociaos.


Era un amigo del gefe
que con un boliche estaba;
yerba y tabaco nos daba
por la pluma de avestruz,
y hasta le hacía ver la luz
al que un cuero le llevaba.


Sólo tenía cuatro frascos
y unas barricas vacías
y a la gente le vendía
todo cuanto precisaba.
A veces creiba que estaba
allí la proveduría.


¡Ah pulpero habilidoso!
Nada le solía faltar,
¡ay juna!, y para tragar
tenía un buche de ñandú.
La gente le dio en llamar
«el boliche de virtú».


Aunque es justo que quien vende
algún poquitito muerda,
tiraba tanto la cuerda
que con sus cuatro limetas
él cargaba las carretas
de plumas, cueros y cerda.


Nos tenían apuntaos a todos
con más cuentas que un rosario,
cuando se anunció un salario
que iban a dar, o un socorro;
pero sabe Dios qué zorro
se lo comió al comisario.


Pues nunca lo vi llegar;
y al cabo de muchos días,
en la mesma pulpería
dieron una buena cuenta,
que la gente, muy contenta,
de tan pobre, recebía.


Sacaron unos sus prendas
que las tenían empeñadas;
por sus diudas atrasadas
dieron otros el dinero;
al fin de fiesta el pulpero
se quedó con la mascada.


Yo me arrecosté a un orcón
dando tiempo a que pagaran,
y poniendo güeña cara,
estuve haciéndome el poyo,
a esperar que me llamaran
para recibir mi boyo.


Pero ay me pude quedar
pegao pa siempre al orcón:
ya era casi la oración
y ninguno me llamaba.
La cosa se me nublaba
y me dentro comezón.


Pa sacarme el entripao
vi al mayor, y lo fí a hablar.
Yo me le empecé a atracar,
y como con poca gana
le dije: —«Tal vez mañana
acabarán de pagar.»


¡Qué mañana ni otro día!»
—al punto me contestó—.
La paga ya se acabó,
siempre has de ser animal.»
Me raí y le dije: —«Yo...
no he recebido ni un rial.»


Se le pusieron los ojos
que se le querían salir,
y ay no más volvió a decir,
comiéndome con la vista:
—«Y ¿qué querés recebir
si no has dentrao en la lista?»


«Esto sí que es amolar
—dije yo pa mis adentros—.
Van dos años que me encuentro,
y hasta aura he visto ni un grullo;
dentro en todos los barullos,
pero en las listas no dentro.»


Vide el plaito mal parao
y no quise aguardar más...
Es güeno vivir en paz
con quien nos ha de mandar.
Y reculando pa atrás
me le empecé a retirar.


Supo todo el comendante
y me llamó al otro día,
diciéndome que quería
aviriguar bien las cosas,
que no era el tiempo de Rosas,
que aura a naides se debía.


Llamó al cabo y al sargento
y empezó la indagación:
si había venido al cantón
en tal tiempo o en tal otro...
y si había venido en potro,
en reyuno o redomón.


Y todo era alborotar
al ñudo y hacer papel.
Conocí que era pastel
pa engordar con mi guayaca;
mas si voy al coronel
me hacen bramar en la estaca.


¡Ah hijos de una!... La codicia
ojalá les ruempa el saco.
Ni un pedazo de tabaco
le dan al pobre soldao
y lo tienen de delgao
más lijero que un guanaco.


Pero qué iba a hacerles yo,
charabón en el desierto;
más bien me daba por muerto
pa no verme más fundido;
y me les hacía el dormido
aunque soy medio dispierto.

V (Quinto)


Ya andaba desesperao,
aguardando una ocasión;
que los indios un malón
nos dieran y entre el estrago
hacérmeles cimarrón
y volverme pa mi pago.


Aquello no era servicio
ni defender la frontera:
aquello era ratonera
en que sólo gana el juerte;
era jugar a la suerte
con una taba culera.


Allí tuito va al revés:
los milicos se hacen piones
y andan por las poblaciones
emprestaos pa trabajar:
los rejuntan pa peliar
cuando entran indios ladrones.


Yo he visto en esa milonga
muchos gefes con estancia,
y piones en abundancia,
y majadas y rodeos;
he visto negocios feos,
a pesar de mi inorancia.


Y colijo que no quieren
la barunda componer.
Para esto no ha de tener
el gefe aunque esté de estable
más que su poncho y su sable,
su caballo y su deber.


Ansina, pues, conociendo
que aquel mal no tiene cura,
que tal vez mi sepultura
si me quedo iba a encontrar,
pensé en mandarme mudar
como cosa más sigura.

   
 
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