Y en el medio de las aspas
un planaso le asenté
que le largué culebriando
lo mismo que buscapié.
Le coloriaron las motas
con la sangre de la herida,
y volvió a venir furioso
como una tigra parida.
Y y¿ me Iiizo relumbrar
por los ojos el cuchillo,
sljr-insancín ron Ja pUPta
a cortarme en un carrillo.
Me hirbió la sangre en las venas
y me le afirmé al moreno,
dándole de punta y hacha
pa dejar un diablo menos.
Por fin en una topada
en el cuchillo lo alcé,
y como un saco de güesos
contra el cerco lo largué.
Tiró unas cuantas patadas
y ya cantó pa el carnero.
Nunca me puedo olvidar
de la agonía de aquel negro.
En esto la negra vino
con los ojos como agí,
y empesó, la pobre, allí
a bramar eomo una loba.
Yo quise darle una soba
a ver si la hacía callar;
Mas pude reflexionar
que era malo en aquel punto,
y ñor respeto al dijunto
no la quise castigar.
Limpié el facón en los pastos,
desaté mi redomón,
monté despacio y salí
al tranco pa el cañadón.
Después supe que al finao
ni siquiera lo velaron
y retobao en un cuero
sin resarle lo enterraron.
Y dicen que dende entonces,
cuando es la noche serena,
suele verse una luz mala
como de alma que anda en pena.
Yo tengo intención a veces,
para que no pene tanto
de sacar de allí los güesos
y echarlos al campo santo.
VIII (Octavo)
Otra vez, en un boliche
estaba haciendo la tarde;
cayó un gaucho que hacía alarde
de guapo y de peliador.
A la llegada metió
el pingo hasta la ramada,
y yo sin decirle nada
me quedé en el mostrador.
Era un terne de aquel pago
que naides lo reprendía,
que sus enriedos tenía
con el señor comendante.
Y como era protejido,
andaba muy entonao,
y a cualquiera desgraciao
lo llevaba por delante.
¡Ah, pobre, si él mismo creiba
que la vida le sobraba!
Ninguno diría que andaba
aguaitándolo la muerte.
Pero ansí pasa en el mundo,
es ansí la triste vida:
pa todos está escondida
la güeña o la mala suerte.
Se tiró al suelo, al dentrar
le dio un empeyón a un vasco,
y me alargó un medio frasco
diciendo:—«Beba, cuñao.»
-—«Por su hermana —contesté—
que por la mía no hay cuidao.»
—¡Ah, gaucho! —me respondió
¿De qué pago será criollo?
«Lo andará buscando el oyó,
deberá tener güen cuero;
pero ande bala este toro
no bala ningún ternero.»
Y ya salimos trensaos,
porque el hombre no era lerdo;
mas como el tino no pierdo
y soy medio lijerón,
lo dejé mostrando el sebo
de un revés con el facón.
Y como con la justicia
no andaba bien por allí,
cuanto pataliar lo vi
* y el pulpero pegó el grito,
ya pa el palenque salí,
como haciéndome chiquito.
Monté y me encomendé a Dios,
rumbiando para otro pago;
que el gaucho que llaman vago
no puede tener querencia,
y ansí, de estrago en estrago,
vive yorando la ausencia.
Él anda siempre juyendo.
Siempre pobre y perseguido;
no tiene cueva ni nido,
como si juera maldito;
porque el ser gaucho... ¡barajo!,
el ser gaucho es un delito.
Es como el patrio de posta:
lo larga éste, aquél lo toma,
nunca se acaba la broma;
dende chico se parece
al arbolito que crece
desemparao en la loma.
Le echan la agua del bautismo
aquel que nació en la selva;
«busca madre que te envuelva»,
se dice el flaire, y lo larga,
y dentra a crusar el mundo
como burro con la carga.
Y se cría viviendo al viento
como oveja sin trasquila,
mientras su padre en las filas
anda sirviendo al Gobierno.
Aunque tirite en invierno,
naides lo ampara ni asila.
Le llaman gaucho mamao
si lo pillan divertido,
y que es mal entretenido
si en un baile lo sorprienden;
hace mal si se defiende
y si no, se ve... fundido.
No tiene hijos, ni mujer,
ni amigos ni protetores;
pues todos son sus señores,
sin que ninguno lo ampare.
Tiene la suerte del güey,
¿y dónde irá el güey que no are?
Su casa es el pajonal,
su guarida es el desierto;
y si de hambre medio muerto
le echa el lazo a algún mamón,
lo persiguen como a plaito
porque es un «gaucho ladrón».
Y si de un golpe por ay
la dan güelta panza arriba,
no hay un alma compasiva
que le resé una oración;
tal vez como cimarrón
en una cueva lo tiran.
Él nada gana en la paz
y es el primero en la guerra;
no lo perdonan si yerra,
que no saben perdonar,
porque el gaucho en esta tierra
sólo sirve pa votar.
Para él son los calabozos,
para él las duras prisiones,
en su boca no hay razones
aunque la razón le sobre;
que son campanas de palo
las razones de los pobres.
Si uno aguanta, es gaucho bruto;
si no aguanta, es gaucho malo.
¡Déle azote, déle palo!,
porque es lo que él necesita.
De todo el que nació gaucho
ésta es la suerte maldita.
Vamos, suerte, vamos juntos,
dende que juntos nacimos;
y ya que juntos vivimos
sin podernos dividir,
yo abriré con mi cuchillo
el camino pa seguir.
|