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Súbito allí desmayaron
los espíritus vitales
de Brián a tanto sufrir;
y en los brazos de María,
que inmoble permanecía,
cayó muerto al parecer.
¡Cómo palabras mortales
pintar al vivo podrán
el desaliento y angustias,
o las imágenes mustias
que el alma atravesarán
de aquella infeliz mujer!
Flor hermosa y delicada,
perseguida y conculcada
por cuantos males tiranos
dio en herencia a los humanos
inexorable poder.
Pero a cada golpe injusto
retoñece más robusto
de su noble alma el valor;
y otra vez, con paso fuerte,
olla el fango, do la muerte
disputa un resto de la vida
a indefensos animales;
y rompiendo enfurecida
los espesos matorrales,
camina a un sordo rumor
que oye próximo, y mirando
el hondo cauce, anchuroso
de un arroyo que copioso
entre la paja corría,
se volvió atrás, exclamando
arrobada de alegría:
"¡-Gracias te doy, Dios supremo!
¡Brián se salva, nada temo!"
Pronto llega al alto nido
donde yace su querido,
sobre sus hombros le carga,
y con vigor desmedido
lleva, lleva, a paso lento,
al puerto de salvamento
aquella preciosa carga.
Allí en la orilla verdosa
el inmoble cuerpo posa,
y los labios, frente y cara
en el agua fresca y clara
le embebe. Su aliento aspira,
por ver si vivo respira,
trémula su pecho toca;
y otra vez sienes y boca
le empapa. En sus ojos vivos,
y en su semblante animado,
los matices fugitivos
de la apasionada guerra
que su corazón encierra,
se muestran. Brián recobrado
se mueve, incorpora, alienta;
y débil mirada lenta
clava en la hermosa María,
diciéndola: "amada mía
pensé no volver a veite,
y que este sueño sería
como el sueño de la muerte.
Pero tú, siempre velando,
mi vivir sustentas, cuando
yo en nada puedo valerte.
sino doblar la amargura
de tu extraña desventura."
<k-Que vivas tan sólo quiero,
porque si mueres yo muero;
Brián mío, alienta, triunfamos;
en salvo y libre estamos,
no te aflijas. Bebe, bebe
esta agua, cuyo frescor
el extenuado vigor
volverá a tu cuerpo en breve,
y esperemos con valor
de Dios el fin que imploramos."
Dijo así y en la comente
recoge agua, y diligente,
de sus miembros, con esmero,
se aplica a lavar primero
las ¿olorosas heridas,
las hondas llagas henchidas
de negra sangre cuajada,
y a sus inflamados pies
el lodo impuro; y después
con su mano delicada
las venda. Brián silencioso
sufre el dolor con firmeza;
pero siente a la flaqueza;
rendido el pecho animoso.
Ella, entonces, alimento
corre a buscar; y un momento,
sin duda el cielo piadoso,
de aquellos finos amantes,
infortunados y errantes,
quiso aliviar el tormento. |