La estancia esta, situada en la comarca del Tuyú, había sido comenzada en 1810 por un estanciero criollo llamado Esteban José Márquez con el nombre de "El Carmen" y constituía un emplazamiento poblacional de vanguardia instalado al sur del Río Salado. La propiedad era conocida más comunmente como "Rincón de Márquez" por su dueño y topografía, que la convierte en una especie de corral o bolsa de la cual es difícil salir por la gran cantidad de arroyos y pantanos que dificultan su recorrido. Cuando Gibson hizo esta compra quiso conocer el lugar, para lo cual organizó una expedición por vía marítima, que lo desembarcó directamente en el Cabo San Antonio. Una vez allí, llegó a la boca del río Ajó y lo remontó hasta el sitio donde hoy está el pueblo de General Lavalle. Este viaje, realizado en medio de una naturaleza salvaje y solitaria lo fascinó con su singular encanto. La abundancia de aves acuáticas, de pájaros, de lagunas, de montes, le llamó tanto la atención como el piso barroso, los cangrejales, las playas inmensas y la bravura del mar.
Así conoció esta estancia que se llamaría para siempre "Los Yngleses", pues aunque los Gibson eran escoceses, la costumbre criolla es denominar como ingleses a todos los británicos.
A fines de la década del 20, en el mismo siglo, se produceen Buenos Aires una crisis económica muy acentuada que perjudica por igual a comerciantes y hacendados, dando lugar a ese típico pánico que se origina en el mundo de los negocios cuando se ven peligrar las inversiones. Enterado John Gibson padre de esta eventualidad, apura a su hijo que aún está en la Argentina para que venda los campos adquiridos a nombre de la firma familiar.
Pero éste, conocedor de la inestabilidad económica porteña, piensa que la situación no es tan grave como para deshacerse de la tierra, mas como por entonces las comunicaciones son muy lentas y difíciles, decide viajar a Escocia en 1829, para hablar personalmente del asunto con su padre. Pero el infortunio lo esperaba en la travesía, en que enferma a bordo y fallece en alta mar, a la temprana edad de 31 años.
Después su padre ordena vender todas las tierras adquiridas en la Argentina, menos el campo situado en el Tuyú, quizás porque sus Hijos se habían entusiasmado mucho con ellas. Al frente de esta posesión, que los lugareños ya llaman "de los ingleses", queda George Gibson, otro de los trece hermanos, que vino a Buenos Aires en 1823 y que enamorado de la región donde está la estancia, ha fijado allí su residencia. Poco después de la muerte de John viene al país Robert Gibson, médico graduado en Edimburgo y después Tomás, el menor de los hermanos. Este es el que estará más tiempo continuado en nuestra patria, el que resultará el más estanciero de todos, el más acriollado en su espíritu y en sus hábitos, no obstante no perder jamás el porte y la caballerosidad británica que lo distinguía. A partir de entonces y alternativamente, los hijos de John Gibson vienen a Buenos Aires, llegan a la estancia y la habitan temporariamente, manteniendo siempre el establecimiento y su producción al frente de uno de los hermanos. Periódicamente, unos u otros viven en la estancia a la cual han hecho venir desde Escocia a sus esposas e hijos.
Pero siempre es Tomás el que más regularmente está en la Argentina, donde finalmente se radica con su familia. Más adelante comprará su propia estancia en el partido de Azul, dando carácter estable y trayectoria prolongada a la familia Gibson y a la cabana de lanares, en la vida agropecuaria bonaerense.
En 1834, Jorge Gibson y Ricardo B. Newton (después introductor del alambrado y por entonces mayordomo de los Gibson) trajeron de Inglaterra varios ejemplares de raza Lincoln, Costwald y Romney Marsh. Pero se dedicaron principalmente al cruce con Lincoln
y Merino, según parecía conveniente en aquel momento. Más adelante se ocuparon sólo de la raza Lincoln tal como era la demanda de la época. Como dice Jorge Gibson al historiar la cría del lanar en la Argentina, a partir de 1860 el Lincoln se convirtió en modesto pero vigoroso competidor del Merino.
Los fardos se exportaban directamente a Liverpool desde un rudimentario puerto improvisado sobre la margen derecha del Río Ajó, en las inmediaciones de la estancia. Desde alrededor de 1843 los Gibson habían instalado en ese lugar una graseria, cerca de la cual el personal se fue agrupando, construyendo sus viviendas.
A las casas y sus gentes se agregaron las pulperías y otros comercios de suministros, surgiendo una población espontánea conocida como Los Tachos. En 1884, el entonces gobernador Mariano Saavedra dispuso que se regularizara este fenómeno poblacional, mediante el reconocimiento oficial del pueblo que pasó a llamarse General Lavalle. Para esa época, las 1.000 ovejas pampas que comenzaron a refinarse en esta estancia, se habían convertido en 100.000 cabezas Lincoln y la cabana "Los Yngleses" había adquirido alto prestigio por la calidad de sus productos. Tomás Gibson, el menor de los hermanos, compró en 1885 un campo en el partido de Azul, en la comarca conocida como Cacharí, donde hizo su propia estancia denominada "La Tomasa".