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MAR DEL TUYU

 

ALGUNOS COMENTARIOS RECOPILADOS HISTORICOS DEL SALADO - AJO - EL TUYU

La atracción que este lugar costero ejercía sobre los seres vivientes del desierto, que en 1859 y ante las quejas iel vecindario, el Cabildo de Buenos Aires ordenó que los indios se retirasen a -SUS tierras sureñas Y que no pasaran la banda del rio Salado pues serían severamente castigados

El Río Salado es un límite natural, una larga zanja que baja desde el sur de la Provincia del Santa Fe, desaguando lentamente un vasto territorio plano hasta desembocar en el mar. Dividea la provincia de Buenos Aires en dos partes geográficas e históricas.
Los dos siglos y medio de la Colonia y el Virreynato se desenvolvieron en la comarca bonaerense que se encierra entre este río pampeano por el sur-oeste y el Paraná y el Plata porel nor-este.

Cruzando el Salado, se extendía la "tierra de nadie"; Frente a las hostilidades permanentes se decidió probar la acción envangelizadora de los Misioneros. Así fue como en mayo de 1740, salió de Buenos Aires una expedición hacia el sur-este de la provincia, dirigida por el Padre Jesuíta Matías Strobel con la resolución de fundar un centro misionero en pleno desierto. La comarca elegida era la desembocadura del Salado,Cuando el grupo evangelizador llegó al Salado lo cruzó por el paso del Callejón y de allí se dirigió hacia la costa marítima.
El lugar donde se levantó la primitiva población de la Reducción que se llamó Nuestra Señora de la Concepción de las Pampas, estaba ubicado en tierras que años después pertenecerían a esta estancia. Algunos estudiosos del tema han investigado estos terrenos buscando indicios ciertos de ese primigenio emplazamiento, cosa difícil de precisar por la vastedad de la naturaleza y la precariedad de los materiales de construcción.
Lógicamente el sitio adecuado debió ser un emplazamiento alto, como la "Loma de los Negros" o la "Loma Verde", a unos 35 Kms. de la desembocadura del río. Otros dicen que fue en las inmediaciones del actual casco DE LA ESTANCIA "EL RINCON DE LOPEZ", cerca del Arroyo Dulce, conocido hoy como Arroyo de la Estancia. Poco tiempo después esta primera Reducción se mudó de emplazamiento, probablemente a! lugar conocido actualmente como La Reducción.
Allí se han encontrado restos de paredes de ladrillos y algunas tejas que probarían su existencia. La breve historia de esta Reducción es similar la de otros intentos evangelizadores llevados a cabo en la misma época, en otros puntos de la campaña bonaerense.
Con estas propuestas religiosas se procuró incorporar al indio a la civilización, atrayéndolo paulatinamente a la vida cristiana, después de aguantar muchas hostilidades los Misioneros tuvieron que abandonar la Reducción en 1753, pues los salvajes los atacaron con ánimo de terminar con ellos para siempre.

   
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Hasta que a fines de ese mismo siglo el Virrey Cisneros otorga este campo a uno de sus lugartenientes de apellido López.
Se llamaba Clemente López de Osornio y había nacido en Buenos Aires en 1720.

   
 
A principios del siglo pasado, cuando sólo algunos hombres bravios se atrevían a cruzar el Salado y "hacer estancia" en el desierto, esta región del partido de La Costa era conocida como Tuyú y nadie sabía dónde empezaba y dónde terminaba precisamente.
Esta franja campera y marítima es tradicionalmente conocida como Rincón del Tuyú, ya que su situación, con sus arroyos, sus bañados, sus bordes costeros, la convierten en un callejón sin salida donde los campos están "embolsados", conservando fácilmente su riqueza zoológica y botánica típica. El Padre Tomás Falkner, que visitó estos parajes en 1750 dice que era un lugar de gran peligro, no sólo por los pantanos sino principalmente por los tigres que aquí abundaban como no los había visto en otra parte. Las costas de lagunas y bañados muy poblados de talas y sauces, servían de guarida a estos felinos cuyo principal alimento eran los peces que atrapaban con gran habilidad.
La palabra "Tuyú" es un vocablo derivado de lengua indígena y significa "pantano", barro o más propiamente "pisar en fofo", ya que el suelo de esta zona es arcilloso, abundante en charcos y cangrejales.
Otra cita de un viajero del siglo pasado decía que éste era un lugar particularmente abundante en caballos silvestres, cuyas manadas se aquerenciaron al no encontrar fácil salida y hallar un habitat propicio a su naturaleza. Esta riqueza equina atraía a los indios, que se servían de las caballadas como transporte y alimento.
Tiempo después, cuando aparecieron acá las primeras poblaciones blancas, los naturales evitaban meterse en este rincón cuya estrategia conocían para hacer buena caza, justamente para no verse embolsados y atrapados por sus perseguidores.
Este lugar, nacido paraíso de aves de toda especie, decepciona un poco sin esas bandadas de flamencos rosados que cruzan todos los cielos de los cuadros regionales pintados por Tomás Gibson.
La estancia "Los Yngleses" (escrito así desde sus orígenes) célebre en la historia de la ganadería argentina, pues aquí se comenzó el refinamiento del ganado ovino. Simultáneamente surgían otros intentos similares en otras estancias trabajadas por británicos en campos cercanos a Buenos Aires, pero por su iniciativa, su continuidad, su propia tradición, la estancia "Los Yngleses" resume la crónica de la evolución del lanar en nuestro país.
 
A principios de 1819 llegó al puerto de Buenos Aires un joven de 22 años llamado John Gibson. Era escocés y venía representando a su padre y a sus hermanos, quienes reunidos en la firma "John Gibson and Sons", tenían la intención de fundar una sucursal en Sudamérica de la fábrica textil de su propiedad, cuya central estaba situada en Glasgow - Escocia.
Confirmando el joven Gibson que era cierto lo que se decía en su país acerca de la Argentina, sobre las perspectivas comerciales óptimas para los británicos, abrió en la ciudad portuaria la casa "John Gibson, Sons and Company" para negocios de importación y exportación, con escritorio en la calle Potosí (hoy Alsina).
Observando que quienes manejan dinero en Buenos Aires son los que además de comercios tienen campo, (y éste es accesible para los capitales británicos), aconseja a su padre que lo autorice a comprar tierra. Aceptada la sugerencia, la firma adquiere como inversión las siguientes fracciones: en 1822 un campo en Monte Grande sobre el camino a Cañuelas a seis leguas de la ciudad. Al mismo tiempo se compra la estancia "El Paraíso" en lo que hoy es el partido de Brandsen, compuesto de cuatro leguas cuadradas pobladas con 6.000 vacunos. Poco después se suma el establecimiento "Sol de Mayo" de seis leguas, pobladas con hacienda vacuna y caballar. En 1824 se adquiere la estancia "Los Portugueses" o "De las Yeguas" situada en la Bahía de Samborombón, formada por dieciseis leguas. La estancia "Los Jagüeles" forma parte de esa gran extensión. Por la misma época se compra otro campo de veinte leguas cerca de la laguna Kaquel - Huincul, al sur del Salado. Y finalmente, en 1824 se compra este campo, conocido indistintamente como "Rincón del Tuyú", "Rincón de Ajó" o "Rincón de Márquez". La fracción adquirida tenía cuatro leguas, que luego aumentaron a las diez leguas y media que dieron origen a la estancia "Los Yngleses". Así fue como en 1826 la sociedad de los Gibson poseía varias estancias pobladas con alrededor de 60.000 vacunos, 4.000 yeguarizos, varios centenares de muías y lanares. También contaban con dos cañones para repeler el ataque de los indios. John Gibson padre, nunca conoció estas propiedades ni vino a la Argentina, pero sus trece hijos se pasaron la vida yendo y viniendo entre Escocia y estas pampas.
   

 

La estancia esta, situada en la comarca del Tuyú, había sido comenzada en 1810 por un estanciero criollo llamado Esteban José Márquez con el nombre de "El Carmen" y constituía un emplazamiento poblacional de vanguardia instalado al sur del Río Salado. La propiedad era conocida más comunmente como "Rincón de Márquez" por su dueño y topografía, que la convierte en una especie de corral o bolsa de la cual es difícil salir por la gran cantidad de arroyos y pantanos que dificultan su recorrido. Cuando Gibson hizo esta compra quiso conocer el lugar, para lo cual organizó una expedición por vía marítima, que lo desembarcó directamente en el Cabo San Antonio. Una vez allí, llegó a la boca del río Ajó y lo remontó hasta el sitio donde hoy está el pueblo de General Lavalle. Este viaje, realizado en medio de una naturaleza salvaje y solitaria lo fascinó con su singular encanto. La abundancia de aves acuáticas, de pájaros, de lagunas, de montes, le llamó tanto la atención como el piso barroso, los cangrejales, las playas inmensas y la bravura del mar.
Así conoció esta estancia que se llamaría para siempre "Los Yngleses", pues aunque los Gibson eran escoceses, la costumbre criolla es denominar como ingleses a todos los británicos.

A fines de la década del 20, en el mismo siglo, se produceen Buenos Aires una crisis económica muy acentuada que perjudica por igual a comerciantes y hacendados, dando lugar a ese típico pánico que se origina en el mundo de los negocios cuando se ven peligrar las inversiones. Enterado John Gibson padre de esta eventualidad, apura a su hijo que aún está en la Argentina para que venda los campos adquiridos a nombre de la firma familiar.
Pero éste, conocedor de la inestabilidad económica porteña, piensa que la situación no es tan grave como para deshacerse de la tierra, mas como por entonces las comunicaciones son muy lentas y difíciles, decide viajar a Escocia en 1829, para hablar personalmente del asunto con su padre. Pero el infortunio lo esperaba en la travesía, en que enferma a bordo y fallece en alta mar, a la temprana edad de 31 años.
Después su padre ordena vender todas las tierras adquiridas en la Argentina, menos el campo situado en el Tuyú, quizás porque sus Hijos se habían entusiasmado mucho con ellas. Al frente de esta posesión, que los lugareños ya llaman "de los ingleses", queda George Gibson, otro de los trece hermanos, que vino a Buenos Aires en 1823 y que enamorado de la región donde está la estancia, ha fijado allí su residencia. Poco después de la muerte de John viene al país Robert Gibson, médico graduado en Edimburgo y después Tomás, el menor de los hermanos. Este es el que estará más tiempo continuado en nuestra patria, el que resultará el más estanciero de todos, el más acriollado en su espíritu y en sus hábitos, no obstante no perder jamás el porte y la caballerosidad británica que lo distinguía. A partir de entonces y alternativamente, los hijos de John Gibson vienen a Buenos Aires, llegan a la estancia y la habitan temporariamente, manteniendo siempre el establecimiento y su producción al frente de uno de los hermanos. Periódicamente, unos u otros viven en la estancia a la cual han hecho venir desde Escocia a sus esposas e hijos.
Pero siempre es Tomás el que más regularmente está en la Argentina, donde finalmente se radica con su familia. Más adelante comprará su propia estancia en el partido de Azul, dando carácter estable y trayectoria prolongada a la familia Gibson y a la cabana de lanares, en la vida agropecuaria bonaerense.
En 1834, Jorge Gibson y Ricardo B. Newton (después introductor del alambrado y por entonces mayordomo de los Gibson) trajeron de Inglaterra varios ejemplares de raza Lincoln, Costwald y Romney Marsh. Pero se dedicaron principalmente al cruce con Lincoln
y Merino, según parecía conveniente en aquel momento. Más adelante se ocuparon sólo de la raza Lincoln tal como era la demanda de la época. Como dice Jorge Gibson al historiar la cría del lanar en la Argentina, a partir de 1860 el Lincoln se convirtió en modesto pero vigoroso competidor del Merino.
Los fardos se exportaban directamente a Liverpool desde un rudimentario puerto improvisado sobre la margen derecha del Río Ajó, en las inmediaciones de la estancia. Desde alrededor de 1843 los Gibson habían instalado en ese lugar una graseria, cerca de la cual el personal se fue agrupando, construyendo sus viviendas.
A las casas y sus gentes se agregaron las pulperías y otros comercios de suministros, surgiendo una población espontánea conocida como Los Tachos. En 1884, el entonces gobernador Mariano Saavedra dispuso que se regularizara este fenómeno poblacional, mediante el reconocimiento oficial del pueblo que pasó a llamarse General Lavalle. Para esa época, las 1.000 ovejas pampas que comenzaron a refinarse en esta estancia, se habían convertido en 100.000 cabezas Lincoln y la cabana "Los Yngleses" había adquirido alto prestigio por la calidad de sus productos. Tomás Gibson, el menor de los hermanos, compró en 1885 un campo en el partido de Azul, en la comarca conocida como Cacharí, donde hizo su propia estancia denominada "La Tomasa".

   
 
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